viernes, 24 de octubre de 2014

¿Por qué molestarse? / Why bother?


            Es inevitable, tarde o temprano terminas haciendo esta pregunta: ¿Para qué me molesto? Llega irremediablemente, como un impulso aplastante que proviene desde lo más profundo de tu frustración.
            Hoy, ha sido un día de esos días, un día en el que simplemente quieres mandar todo por la borda y empezar de nuevo. Reiniciando tu existencia en una cueva o en un bosque, en cualquier lugar lejos de la civilización, donde nadie te estorbe y nadie te pueda molestar. Y no es para menos.
Me levanté con dolor de cabeza, agotado, desvelado, cargado de estrés, con unas ojeras y una hinchazón de ojos terrible. ¿Imagínense despertar de esa manera? Creo que a esto es a lo que se le llama comenzar con el pie izquierdo. Normalmente, en un mal día, lo único que quieres es que acabe lo más pronto posible para iniciar el siguiente, pero en este caso, empezó mal desde el principio y ni como esperar que acabe pronto.
            ¿Qué fue lo que sucedió? Nada realmente, lo usual para una persona como yo, cuya naturaleza es inmiscuirse demasiado en la vida de los demás. Y es que simplemente no puedo ver a nadie en necesidad de ayuda emocional o sentimental porque el deseo por ayudar a esa persona se convierte en una prioridad tan voraz como el hambre o el sueño, obligándome a llevarme a los limites más increíbles, incluso olvidando mis propias necesidades y prioridades. ¿Lo hago por caridad, beneficencia o porque soy amable? Si… y no.
¿Por qué lo hago? Porque no puedo ver a una persona en problemas; ya sea sentimentales o emocionales; sin que sienta una especie de deber por ayudarlo, deber que me provoca un fervor. Entro en un frenesí en el cual tiendo a desgastarme más de la cuenta con los problemas ajenos, sin importar a que grado me lleve, con tal de que estas personas salgan de sus agujeros. Tengo que hacerlo, de lo contrario nace un sentimiento adverso que se convierte en un alma en pena que me acosa hasta que la logro olvidar; y por desgracia no olvido fácilmente. Es como una obligación moral auto-impuesta. ¿Complejo mesiánico? Tal vez.
            Y es que los problemas psicológicos, sentimentales y emocionales son para mí enigmas, enigmas que exigen ser resueltos. Son los que le dan un sabor especial a mi vida, los que me hacen sentir que estoy vivo. Enigmas tan exquisitos y deliciosos que me han vuelto un adicto a resolverlos. Son mis crucigramas, mis laberintos. Esto suena hasta cierto punto divertido, y lo es para mí. Pero también sonará tedioso para la persona incapaz de colocarse en mi posición, y la verdad es que lo es, aunque, no siempre. Pero, sin duda, es cansado, desgastante.
Peor para una persona que tiende a empatizar a un grado que debe devorarse cada sentimiento para lograr colocarse en la situación de la persona a ayudar. A veces, debo autoexiliarme para expulsar todos los sentimientos ajenos y conectar de nuevo con mis propias emociones y mis sentimientos.
Aun así, lo seguiré haciendo a voluntad, ya que también es mi forma de acercarme y conectar con las personas. Fue de esta manera que gané a mis mejores amigos, a mis confidentes e, incluso, a mi actual pareja. No conozco ninguna otra manera de conectar, o mejor dicho, ninguna otra me es efectiva.
Es de esta manera, que me condeno a este retorcido placer de autodestrucción y reconstrucción. Y lo llamo de esta manera porque me autodestruyo ayudando a los demás, y al momento de reconstruirme lo hago siendo más fuerte y, me gusta pensarlo así, más sabio. Sin duda, para mí, aplican perfectamente las palabras de Jean Paul Sartre: “El infierno son los otros”.
Sea como sea, seguiré haciendo todo esto. Porque, ¿para qué molestarse?, porque esta es mi naturaleza.

“Hay algo en la personalidad humana que se resiente a las cosas claras, e inversamente, algo que atrae a los rompecabezas, a los enigmas, y a las alegorías”. — Stanley Kubrick
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
It is inevitable, sooner or later you end up asking this question: Why do I bother? It inevitably comes as an overwhelming urge that comes from the depths of your frustration.
Today has been one of those days, one day that you just want to send it all away and start again. Rebooting your life in a cave or in a forest, any place far from civilization, where no one hinders you and no one can bother you. And it's no wonder.
I woke up with a headache, exhausted, sleepless, full of stress, with dark circles around the eyes. Just imagine waking up like that? I think this is what is called: start the day with the left foot. Normally, on a bad day, all you want is to end as soon as possible to start the next one, but in this case, it was bad from the start and I couldnt expected for it to end soon.
What happened? Nothing really, the usual for a person like me, whose nature is to interfer in the lives of others. And this is because I can not see anyone in need of emotional, or sentimental, aid because the desire to help that person becomes a priority as voracious as the hunger or the neeed for sleep, forcing me to take my body to the most incredible limits, even forgetting my own needs and priorities. Am I doing it for charity, or because I'm nice? Yes ... and no.
Why do I do it? Because I can not see a person in trouble; either emotional or sentimental; without feeling a sort of duty to help him, which causes me a fervor. I go into a frenzy in which I tend to wear me down more than necessary with the problems of others, no matter to a what degree takes me, as long as I can take these people out of their holes. I have to do it, otherwise the uneasyness becomes a lost soul that haunts me until I manage to forget it; and unfortunately I can not easily forget. It's like a self-imposed moral obligation. Messianic complex? Perhaps.
And it is because psychological, sentimental and emotional problems are, for me, enigmas, riddles that need to be solved. They are the ones that gives a special flavor to my life, that makes me feel alive. Enigmas such exquisite and delicious that I have become addicted to solving them. They are my crosswords, my mazes. This sounds somewhat like fun, and it is, for me. But it also sounds tedious for the person unable to stand on my position, and it really is, not always, tedious. But, it is tiresome, exhausting.
It is worse for a person who tends to empathize to a degree that he must devour every feeling to achieve to understand the situation of that person and then help him/her. Sometimes I exile myself to eject all the feelings of others and reconnect with my own emotions and feelings.
Still, I'll keep doing it at will, as it is also my way to approach and connect with people. It was in this way that I won my best friends, my confidants and even my current girlfriend. I know of no other way to connect, or rather, not one that is as effective to me.
It is in this way that I condemn this twisted pleasure of destruction and reconstruction. I call it this way because I self-destruct myself helping others, and when I do it, I also  rebuild myself stronger and also, I like to think it, wiser. Certainly, for me, it perfectly applies to me the words of Jean Paul Sartre: "Hell is other people."
Anyway, I'll keep doing this. Because, why bother?, because this is my nature.
  
"There is something in the human personality which resents things clear, and conversely, something that appeals to the puzzles, the riddles and allegories." - Stanley Kubrick

martes, 23 de septiembre de 2014

Ángel Caído


Ángel caído
A Anna Alejandra Gómez Viramontes

Victor A. H. Segura

Las risas duelen,
en los huesos cala tu sonrisa.
Tu indiferencia incomprendida
revela el camino de cuarzo corrupto.

Ángel guardián en tierra de hombres:
¿Por qué manchar tus alas con nuestra pestilencia?
¿Por qué ceder ante reglas egoístas?
¿Por qué morder tus alas con desesperación?

Si no escapas veras corruptas tus palabras de consuelo,
serán trastornadas en cristales rotos sin reflejo.
Deja las calumnias propias, ni siquiera los rubís son dulces.
¿No preferirías volar a morir entre tanta falsedad?

No busques la flor en el mar,
no hay mapa para el hielo,
no estigmatices tus plumas,
no hay lugar donde las sombras no dancen.

… no soportare verte así…
…deja de sonreír al morir…
…solo una vida debe perecer...
…tu no morirás, tu volaras…
…te obligare.

De la colección: Recuerdos del Soñador de Victor A. H. Segura.

Fallen angel
To Anna Alejandra Gómez Viramontes
Victor A. H. Segura

The laughter hurts,
in the bones your smile penetrates.
Your indifference misunderstood
reveals the path of quartz corrupt.

Guardian angel on men’s earth:
Why stain your wings with our pestilence?
Why give in to selfish rules?
Why desperately bite your own wings?

If you dont escape, your words of confort you will see corrupted,
They will be disrupted on broken glass without reflection.
Leave your own lies, not even rubies are sweet.
Wouldnt you rather fly to die in such a falsehood?

Look no flower in the sea,
there is no map for ice,
do not stigmatize your feathers,
there is no place where the shadows don’t dance.

… i won’t endure seeing you like this…
…stop smiling while dying...
…only one life must perish...
…you will not die, you will fly...
… i will compel you.


From the collection: A Dreamer`s Memories from Victor A. H. Segura.

La historia que precede este poema se remonta al día que fue escrito, el 22 de septiembre del 2010, precisamente cuatro años atrás. El poema está dedicado a quien entonces era mi novia, una mujer fascinante en más de un sentido, un pequeño y dulce delirio de belleza, demencia y unas gotas de tragedia. Un contraste eterno que la otorga con una singularidad especial. Esta mujer, como llegarán a notar con publicaciones posteriores, inspiró varios de mis más bellos poemas, así como los más trágicos y dolorosos y, en cada uno de ellos, encontrarán que por muy bellos que sean siempre incluirá fragmentos oscuros o dolorosos, así como en los más dolorosos, se encontrará una infinita belleza.
            Este poema en particular fue dedicado tras un aniversario y durante un momento en el que yo me hallaba frustrado por no poder levantar a esta mujer de lo que era una de sus peores depresiones. Nada de lo que yo dijera, o hiciera, parecía sacarle siquiera una sonrisa, llenándome de frustración por hacerme sentir que yo, en su vida, era tan solo un evento ocasional, incapaz de cambiar el curso de sus emociones o actitudes. Está frustración me llevó a mí mismo a una pseudo-depresión que me hizo cuestionar el por qué llevábamos una relación en la cual yo era incapaz de hacerla trascender en sus problemas interiores, inclinándome a minorizar mi propia importancia en cada uno de los aspectos de su vida, arrojándome así a una terrible confusión emocional.
            Es bajo el influjo de dicha emoción, que escribí este poema plasmando la imagen de un ángel caído; una figura poderosa que denota la belleza corrupta por una traición. Para mí, la traición era ocasionada por ella hacia ella misma, por ser incapaz de ver lo hermosa que era ella y lo placentero que era estar con ella. Así mismo, la traición era mía, hacia mí mismo, por considerarme en esos momentos tan débil e incapaz para lograr el objetivo de darle un espacio de felicidad.
            El poema fue escrito en un arranque de desesperación que me permitió plasmar mis sentimientos y mis cuestionantes en un llanto de desahogo y que por fin la hicieron recapacitar.
          Les mando un cordial saludo y los invito a apreciar más de mi trabajo en las siguientes páginas:

lunes, 21 de julio de 2014

Amar

Qué difícil es amar…

Nos debatimos por la vida, intentando descubrir su significado, intentando resolver el enigma que nos atormenta a todos de una manera u otra: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué somos en realidad? Y entre todos estos enigmas, hay uno muy grande que intentamos responder en el día a día: ¿Qué es lo mejor para mí? Hay quienes dicen que solo Dios conoce esta respuesta y que solo él puede responderla, pero nosotros como seres humanos debemos responderla de una u otra manera. Para hacerlo, vamos como niños perdidos en el bosque intentando descubrirlo, entre lágrimas, sonrisas, llantos y carcajadas. Y a medida que vamos creciendo creemos que todo mejorara, que todo se volverá más claro, menos confuso, menos doloroso, todo para descubrir que se vuelve más complicado entre más vemos el mundo, entre más conocemos. Nos encontramos gente nueva, tierras nuevas, retos nuevos y todo esto lejos de responder la pregunta, nos confunde más, ya que descubrimos que aquello que ya habíamos respondido tiene diferentes respuestas.

Es por eso que a esos seres divinos a los que solemos amar tanto, y que denominamos padres, se debaten en el peor de los retos: enseñar a sus hijos a ser hijos, cuando ellos aún están aprendiendo a ser padres. Y digo que son los que tienen el peor reto porque deben intentar enseñar a sus hijos a ser seres humanos cuando ellos aún están aprendiendo. Nos podemos encontrar padres orgullosos que creen saber de lo que se trata la vida, pero la realidad es que nadie lo sabe. Todos estamos aprendiendo cada día, cada hora. Los grandes sabios de nuestras historias han muerto sin siquiera entender la vida, aunque hayan dedicado su vida entera a descubrir la respuesta. Considero que el primer concepto que un padre debe entender es aquello que sublime Dr. House dijo una vez: “No importa que tanto se esfuerce un padre, que tanto ame a sus hijos, al final a todos nosotros nuestros padres nos arruinan de una u otra manera”. Puede sonar hostil, e incluso despectivo en cierta manera, pero en esa frase hay un consuelo: no puedes evitar dañar a tus hijos. Aun así, esto podría parecer que condono a todos aquellos padres que dañan a sus hijos, pero no es así, ya que lo que pretendo hacer ver con esto es que los padres deberían considerar que ni siquiera ellos lo saben todo, siguen aprendiendo y deberán aprender junto a sus hijos con todo el amor posible. Ya que el amor que sienten hacia sus hijos podría llegar a cegarlos.

Regreso a mi frase inicial: qué difícil es amar. Si los padres lo tienen tan difícil al amar a sus hijos, que son personas con experiencia, con sabiduría; véase aquí que hablo de padres que hayan tenido a sus hijos a una edad adecuada; ¿qué hay de aquellos que amamos a otra persona que un día apareció en nuestro camino, se introdujo en nuestras vidas y ahí hizo su hogar en nuestro corazón? De lo que es el amor hay artículos, ensayos, estudios y demás, intentando descubrir que es el amor, llegando a descubrir que el amor es un ser viviente en sí de mil formas, rostros, colores y sabores, pero hay algo en lo que todo coincide: amar es anteponer las necesidades del otro sobre las nuestras. ¡Qué difícil! Si ya establecí que muchas veces no podemos saber lo que es mejor para nosotros mismos, ¿Cómo sabremos qué es lo que necesita el otro? Ya que lo peor es que al no saberlo, caemos en un error grave: no sabemos que necesitan, pero creeremos saber qué es lo que no necesitan e inevitablemente, tarde o temprano, querremos defender a quien amamos, evitar que se vaya por un camino equivocado o simplemente querremos evitarle el dolor, y en el hacerlo podremos caer en la sobreprotección. ¿Cómo diferenciar cuando estamos protegiendo y cuando estamos sobreprotegiendo? ¿Cómo evitar caer en el orgullo de decir: yo sé que eso no está bien para él o ella? Ya que muchas veces caeremos en el error de que porque una u otra experiencia causa dolor es mala; lo cual es un error porque muchos tipos de dolor enseñan.

Considero que una de las reglas de oro para el amar a nuestra pareja es no paternalizar, no demasiado. Ante nada, nosotros, como parejas, somos cómplices de juegos y travesuras, somos amigos en la locura y amigos en la felicidad, somos guardianes y somos protegidos, somos consejeros y aconsejados, somos, sobre todo, un complemento.

En el camino cometeremos errores, nos fustigaremos por ellos e incluso los lloraremos, pero lo importante es ponernos de pie y compensar nuestro error después de un sincero y honesto: lo siento mucho, lo hare mejor la próxima vez. Ya que si dijéramos: no volverá a pasar, mentiríamos descaradamente.  La aceptación de que como seres humanos somos imperfectos; perfectibles hasta cierto punto; y de que los errores serán parte de toda relación, encontraremos la voluntad para irlo haciendo mejor cada vez, siempre y cuando estemos dispuestos a querer mejorar.

Qué difícil es amar, pero no por eso dejaremos de hacerlo.


El amor no hace girar al mundo. El amor es lo que hace que el viaje valga la pena.~ Franklin P. Jones

martes, 15 de julio de 2014

Agua y agua

Agua y agua
Victor A. H. Segura

Letras fluyen
desde un despertar puro y harmónico,
cristalino aullido
del cielo misericordioso,
sincronía melódica
en el repicar celeste
 originado de un gemido prisionero
entre dos reinas separadas
por el súbdito de su presa.

El espejo en la boca,
la realidad afluente,
en el alba se escucha fluir,
por el ocaso se oye llorar
es ambrosía es huracán,
y aunque mortal veneno
no la dejamos de besar.

De la colección de poemas: Recuerdos del Soñador de Victor A. H. Segura.

Water and water
Victor A. H. Segura

Letters flow
from a pure and harmonious awakening,
crystalline howl
from the merciful heaven,
melodic synchrony
ringing in the sky,
from a prisoner cry originated
between two separated queens
by the subject of his prey.

The mirror in the mouth,
the affluent reality,
at dawn is heard flowing
at sundown is heard crying,
it’s ambrosia, it’s hurricane
and even if it is deadly poison
we don’t stop drinking it.


From the collection: A Dreamer's Memories from Victor A. H. Segura.

              La historia de este poema es tan sencilla como sencillo es el mismo. Fue escrito a petición de la maestra Reyna Armendáriz durante su taller de Poesía. La intención era escribir un poema a una palabra que nos gustara tanto su pronunciación como su significado. En mi caso, la palabra agua siempre me ha parecido interesante y bella, tanto, que fue una de las primeras palabras que aprendí a decir. Al mismo tiempo el elemento agua ha sido siempre mi favorito en cada uno de sus estados: solido, liquido, gaseoso e incluso en su cuarto estado alcanzado a temperaturas sublimes; plasma. El agua me parece un elemento puro, hermoso, hipnotizando, inspirador, hechizante y al mismo tiempo aterrador y fascinante.
            Dígase la verdad, el poema fue escrito de último momento. Me trasladaba en el auto de mi madre a la universidad cuando recordé el ejercicio, ¡lo había olvidado por completo! De inmediato me dispuse a corregir mi error. Entre semáforos en rojo tomé pluma y papel y me dispuse a pensar, intentando que la inspiración no me traicionara o me dejara solo en esto. Para mi fortuna comenzó a llover. Las gotas caían tímidas y delicadas sobre el parabrisas, pintando de un húmedo gris tanto asfalto como ventanas. Todo se volvió una hermosa orquesta melódica de gotas repiqueteando sobre todo lo que alcanzaban. Y una de las cosas que alcanzaron fue mi imaginación. Me estacioné y rápidamente comencé la elaboración de este poema. Sentado, despreocupado porque llegaría tarde a la primera clase, dejé que el repiqueteo me acunara mi imaginación hasta que le fui dando forma a este poema.
            Este poema me llena de orgullo y podría decirse que es uno de los más pequeños que tengo, más no por eso menos bello. Creo que logré expresar correctamente lo que tanto el concepto como la palabra agua me hacen sentir.
Les mando un cordial saludo.
Siéntanse libres de apreciar más de mi trabajo en las siguientes páginas:                                                 http://poematrix.com/autores/victor.
http://victorahsegura.deviantart.com/
https://twitter.com/VictorAHSegura

lunes, 21 de enero de 2013

Lenguaje


            Al momento de leer nos encontramos con que los escritores son grandes manipuladores del lenguaje, saben cómo usar una palabra de la manera correcta para dibujar nítidamente en nuestras mentes mundos más allá de nuestro conocimiento. Convierten las palabras en poderosas armas capaces de destruir desde perjuicios hasta murallas de piedra. Son grandes agentes capaces de utilizar una palabra hasta el cansancio sin que uno se aburra de escucharla, incluso le da usos que uno jamás podría haber imaginado antes de haberla vista en las manos escultoras de un gran autor. Incluso a veces quedamos maravillados al escuchar una palabra, que sin importar nuestra edad, jamás habíamos escuchado.

           Y cuando llega el momento de escribir, uno no sale de repetir una palabra simple sin poderle dar mayor connotación. Es decir, “caminar” siempre será “caminar” y “volar” siempre será “volar”. En dichas ocasiones llega la desesperación y desilusión, pocas veces, la rendición, y siempre sale esta pregunta: ¿Cómo es que todos esos grandes autores llegan a tener un repertorio infinito de vocablos?

           Cuando eso llega a ocurrir, algunos optan como mala costumbre acudir al diccionario, para leerlo como si fuera un enriquecedor elixir que los hará más poderosos que los mortales, y posteriormente van y vomitan lo aprendido en el primer texto que se encuentran. Es ahí que usan “prebenda” en vez de “ventaja”, “devaneo” en vez de “distracción”, logrando que sus textos se vean como un auto viejo y oxidado con luces de neón y spinners relucientes. Y un texto donde se encuentran centenares de palabras complicadas es frecuentemente calificado como un intento, muy malo por cierto, de presunción de lenguaje.

           La gran mayoría de primerizos consideran que entre más palabras complicadas contenga su texto, mejor se ve. Nada más lejos de la realidad. No quiero decir que no deben usarse, pero sí que hay que saber cómo. Lo primero que debe entenderse es que la prosa como la poesía conlleva un ritmo, y una palabra mal colocada siempre romperá el ritmo. En lo personal recomiendo que se lea un poco de poesía, aunque no sea del agrado de uno, ya que los poetas son magníficos a la hora de sacarle jugo a una palabra, incluso cuando ya se cree que han logrado rebasar los límites. Lo siguiente que debe saberse es que las palabras utilizadas deben ir con el ambiente del texto o con el lenguaje del personaje. Por ejemplo, no debe usarse palabras de términos jurídicos en una novela ambientada en la segunda guerra mundial, o vulgarismos en un cuento cuyo contexto sea el siglo VII. En cuanto al lenguaje de nuestro personaje, no se debe poner en la boca de un vagabundo palabras altas o en desuso como “vacuo” o “congoja”, tampoco se pondrá en el dialogo de un caballero del medievo americanismos como “checa” o “resetea”, salvo por supuesto que esta sea la intención.  Es decir, el crimen es tan grande para el que utiliza lenguaje simplista como complicado si no va con lo que se está escribiendo.

           El lenguaje es el arma principal y más poderosa del escritor, y como tal, uno debe desarrollarla cada que puede. ¿Cómo entonces? La respuesta es la misma para todo lo relacionado a la escritura: leer, vivir y escribir. Leyendo a otros, aprenderás consiente e inconscientemente a expresarte en la palabra escrita. Al vivir te encontraras con muchas personas interesantes, y no tan interesantes, con las cuales intercambiaras una conversación, y escuchándolos aprenderás a como habla la gente de verdad. Escribiendo se hará de tu naturaleza el utilizar ciertas palabras en momentos adecuados, y de igual manera iras comprendiendo el ritmo de la prosa y a como no interrumpirlo. El lenguaje no debe ser ni sobreexplotado ni prostituido, debe simplemente ser.

           También es buena costumbre leer otros textos además de literatura, de buena calidad por supuesto, para observar las diferentes tipos de expresiones. Eso sí, nada de aprender de la escritura de moda en la red o a través de los mensajes de celular. Estos tienen por costumbre simplificar la escritura para incrementar el aprovechamiento del tiempo, y por lo tanto, devastan los usos gramaticales y ortográficos. Una vez más, salvo que tu intención sea replicar estos fenómenos.

           Recuerda que un escritor es el camarógrafo de la vida, que representará lo que ve, a través de la letras, y por lo tanto deberá aprender a escuchar y observar, y tiene como obligación contar lo que ve y como lo ve. Y al igual que el té, su opción solo es una, que tanto lo va a endulzar.

"Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento" - George Orwell

miércoles, 9 de enero de 2013

Un lugar para escribir.



Cuando se busca un lugar para escribir, se debe pensar en el mejor de los paraísos terrenales de tranquilidad e inspiración. Un lugar donde tus pensamientos se vuelvan reales y tu imaginación se desboque como un caudal. Una habitación donde te encierres con tus pensamientos e ideales, y donde te encuentres contigo mismo y con tu otro yo, o mejor dicho, con tus millones de otros yo para que puedan ser volcados en una hoja en blanco en forma de personajes carismáticos. El lugar debe volverse un santuario de privacidad tan silencioso que puedas escuchar esas vocecitas en la cabeza que desean contarte su historia. Una bóveda impenetrable donde solo estés tú y cualquier otro elemento que fomente la inspiración. Eso sí, sin ventanas hacia algo distractor como una televisión o un paisaje exterior de movimientos embelesadores. Debe ser un lugar donde llegues en comunión con tu musa, un lugar donde puedas seducirla, llevarla a la cama y hacerle el amor con dulzura y ternura, con pasión y deseo, con gritos y lágrimas, con risas tímidas y carcajadas. En término, un lugar de intimidad. Porque a veces tú musa se alocará y te pedirá a gritos ser violento y bestial o alocado y espontaneo. Nunca sabes que te pedirá o que te brindará, y conviene en esos momentos no ser interrumpido.

            Tal vez por estos momentos ocurra uno de dos efectos, o estés pensando en tu lugar ideal, o estés preocupado porque en tu casa no encuentres tal privacidad. Tranquilo, tal vez todo esto suene muy romántico, pero en realidad, lo más seguro es que termines escribiendo con los audífonos puestos mientras escuchas música en el patio a lado de la lavadora en funcionamiento. La realidad es que salvo que cuentes con el dinero suficiente, el lugar idealizado pocas veces llega. Lo mejor es encontrar tu edén privado en un espacio realista.

            En mi caso a veces escribo en el cuarto, el cual comparto con mi hermano menor, por supuesto que lo exilio primero, otras veces en el patio, bajo las estrellas en una mesa de jardín, otras en la mesa de la cocina cuando la familia está dormida.  En todos estos casos, seguido se encuentra de fondo algún ruido diurno, y lo mejor es ponerme los audífonos y dejarme llevar por la música. Otras veces aprovecho cualquier momento de silencio en el hogar. Lo más importante es que ya conllevo un método de preparación mental y aislamiento que dispara mi imaginación y me permite olvidarme de mi entorno. 

            Realmente no importa si escribes sobre un escritorio de caoba en una computadora de última generación o en la vieja Pentium IV aislada en el cuarto de tu hermanita. Lo importante es saber que cuando tocas el teclado o la pluma, es tu momento, que así como el guerrero toma su espada para enfrentar al dragón que brota de la cueva escupiendo llamaradas, tu tomaras tu imaginación y creatividad y enfrentaras la hoja en blanco dispuesto a llenarla de las más hermosas e inspiradoras creaciones traídas del mundo de las ideas. Y en tu momento solo importas tú y esos personajes que rondan por tu mente pidiendo a gritos existir.

            Por lo tanto, seguirás el mandamiento de todo escritor a la hora de trabajar: no distraerse.

          Visualiza esto: El personaje principal está a punto de enfrentar el mayor reto de su vida, ese suceso que cambiará su vida para siempre y lo convertirá en el ser que siempre quiso ser, se encuentra bajo la mayor tensión de su vida, el sudor cae sobre su frente, las palabras se anudan en su garganta mientras su corazón se retuerce en el deseo de hacerlo actuar, y justo en ese momento… grita tu padre para pedirte que vayas por las tortillas. No, no, ¡no! Te puedo asegurar, que en la gran mayoría de los casos eso será la perdición del momento que seguro te será imposible recobrar.  Aunque en algunos momentos muy extraños eso será tu salvación y sacaras algo provechoso de ello. Pero mejor no arriesgarse.

           Ahora que has leido esto, create tu espacio ya sea en un lugar real o mental. El escritor imagina solo, piensa solo, escribe solo, crea solo, y por lo tanto, en este momento deberá estar solo.

“No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento”. 
Horacio Quiroga – Decálogo del perfecto cuentista.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Ritmo y descanso



           Esta entrada va dedicada a Anna Gómez y Francisco Castro, pues son los que me hicieron darme cuenta de la importancia del descanso.

            Ahora bien, ya has leído y estás leyendo suficiente, tanto que ya es hora de que empieces a escribir. Seguramente ya te sentaste frente a tu computadora, abriste el procesador de texto, y tienes delante la página en blanco, o tal vez mejor, ya la tienes empezada. O puede ser que estés bajo una vela encendida, con toda fuente de luz eléctrica extinta, tienes el incienso de tus aromas favoritos inundando la habitación, mezclándose con las exquisitas notas de Beethoven, y ya tienes enfrente tu fiel pluma y su compañera la hoja de papel. No importa cómo te guste escribir, o que rituales prefieras hacer antes, cualquier cosa es válida. Lo que te siente mejor, como ya sea escribir de mañana, de noche, en la tarde o la madrugada. En cuanto al lugar, bueno, eso ya conlleva otro tema, pero solo diré por el momento, que donde te sientas cómodo.

            Has empezado a escribir, las letras empiezan a aparecer frente a ti, invadiendo ese horroroso espacio en blanco que con placer desaparece a cada palabra, remplazándose por una belleza inmensurable. Muy romántico, ¿no? ¡Por supuesto! El escribir es disfrutar de plasmar tus ideas, tus pensamientos, tus sub universos y tus parajes, es jugar a ser un dios sin insultar al mismo. Escribir se debe abordar con placer, con diversión, entusiasmo y pasión, a veces hasta con un poco de ira. Lo que no debe caber duda, es que escribir debe hacerse con grandes ánimos y energías, para que sea esto lo que trasmitas. Sin embargo, llega un momento en que uno se pregunta, ¿Cuánto debo escribir? ¿Cada cuándo? ¿Por cuánto tiempo? ¿Cuántas hojas? ¿Cuántas palabras? ¡¿Cuantas letras?! Vamos, ¿Qué cantidad? 

Mientras que existen algunos escritores que dicen que para escribir una novela es sentarse dos horas por día y… ¡abra cadabra!, ya tienes un best seller que te hará meritorio al premio nobel de la literatura, la verdad es que esto es una absurda mentira, que incluso roza la mediocridad.  Tampoco es necesario hacer lo que García Márquez, escribir ocho horas diarias como si fuera una jornada de trabajo. La realidad de esto es que cada quien tiene su ritmo. Mientras que existirán días en que podrás escribir toda una obra de arte durante horas, abra días en los que no podrás ni escribir una oración antes de que acabes frustrado. 

Considero que la mejor forma de empezar con tu ritmo es la disciplina King, es decir, del escritor Stephen King. En su libro “On writting”, este propone empezar con mil palabras al día, con un día de descanso a la semana, de ser necesario, siempre escribiendo a la misma hora del día para que se vaya volviendo un hábito y la creatividad se haga una costumbre, por decirlo en palabras burdas y llanas. El problema llega cuando descubres que todos en el mundo somos diferentes, y que mientras algunos tienen la capacidad de concentración infinita de un monje Shaolin, hay otros con la atención de un pececito en un estanque lleno de azúcar. Mi sugerencia es empezar con la disciplina King, y de ahí irte moviendo; que si quieres subirle más palabras, menos palabras, que si deseas variar los horarios de escribir, que si te pones un horario rígido. La única verdad es que debes mantener una práctica constante y diaria, sin excusas ni pretextos, que para eso, todos somos unos expertos. Y este hábito, el de escribir por supuesto, debe abordarse con amor, pasión y entusiasmo, ¿y por qué no?, algo de miedo, pero ese miedo sano que es diminuto, casi imperceptible, que te permite no caer en la soberbia, pues a fin de cuentas, todo artista debe tener su humildad. Ya que, todos siempre seremos inseguros de nuestro trabajo, aunque lo neguemos.

La creatividad o la musa, llámese como se prefiera, es caprichosa, a veces un poco bastarda, y en ciertas ocasionas una verdadera diva. No todos los días podrás crear una obra que podrás presumir que fue parida por el mismo Dios, ya que en ocasiones batallaras tanto que sufrirás, y realmente sufrirás si le tienes amor a lo que haces, y esto es verdad para cualquier tipo de ambiente creativo, sea el que sea.  Lo mejor es aceptar este hecho, no fustigarte ni flagelarte, ¡mucho menos de etiquetarte de bueno-para-nada! Lo mejor será aceptar que ese día no podrás trabajar y que lo dejarás para otro día. Tienes que recordar que eres un ser humano, y que somos afectados por las emociones, los altibajos de la vida, hasta por la luna llena o por la menstruación… sea tuya o de tu pareja. ¡Así que animo! Que si no salió hoy, saldrá mañana, o sino algún día, la musa no se abra ido, solo se estará haciendo del rogar, la condenada.

También llegará un momento en el que habrás trabajado tanto que no podrás seguir aunque lo desees, aunque te mueras de las ganas y el antojo por destruir la maldita hoja en blanco, no podrás y punto. Tu mente se verá turbada y envuelta en marañas indestructibles que se reirán de ti. Tu imaginación se cubrirá con un velo negro que no podrá levantarse, y escribir, aunque sea tu más grande deseo del momento, será imposible, y cada letra la sufrirás al grado llegaras a sentirte como un cavernícola golpeando las teclas con un marro de piedra. Cada oración te parecerá estúpida, cada idea incoherente y falta de originalidad, e incluso, te sentirás el anticristo de las letras cuya misión será llenar párrafos y párrafos de blasfemias creativas. Cuando llegue ese momento, debes darte cuenta y aceptarlo, estás cansado. Hasta la diversión cansa.

Cuando llegue el momento, haz a un lado tu texto, guárdalo en un lugar seguro, con sus respectivos respaldos, y abre la puerta de tu lugar de escritura, y date cuenta que hay una vida allá fuera. Aléjate de tus libros, de tus textos, y de ser necesario, de tus rutinas, y has algo que despeje tu mente y te relaje, que amplié tus horizontes, así sea jugar tenis a pesar de que no puedas darle a una pelota de un metro de diámetro. Haz lo que necesites y lo que quieras, duerme por horas, sal y grita, corre, salta, vete a una alberca, plática con la familia, con los amigos, con el vecino, con el perro. Busca a tu pareja y ten sexo y luego vuelve a tenerlo, y si no tienes una, pues búscala. Toma un baño de una hora, acuérdate del gato que lleva un mes atrapado debajo de tu cama, chúpate el dedo, ¡lo que sea! Siempre y cuando no dañe tu salud o saldrá contraproducente.  En todo este tiempo, ni te acuerdes del texto, ni aunque te hayas quedado a dos páginas del final. Olvídate del desgraciado, ya verás que luego la musa se sentirá sola y volverá a ti.

Descansa y descansa cuando lo necesites, y a veces hasta date el lujo de cuando no lo necesites, siempre y cuando no caigas en la holgazanería. Es importante el ritmo, pero también lo es el descanso, incluso si crees que no lo necesitas.  Descansar siempre será parte de la vida, y por lo tanto del escribir. 

Y ahora sabes, por qué ahora me retrasé en poner esta entrada, pero tuve que acampar a un lado del Sendero.

Gracias por tu lectura mí estimado lector.